El espejo que no quisimos ver: Latinoamérica, Japón y la burla que se volvió confesión

Desde que tengo memoria, los medios chilenos y latinoamericanos cubrían la baja tasa de natalidad japonesa con un tono extraño: una mezcla de curiosidad morbosa, condescendencia cultural y, a veces, una burla apenas disimulada. El asunto no se trataba como lo que era —una transformación demográfica estructural— sino como una rareza casi escandalosa: los japoneses no tienen sexo. Y eso, en el imaginario colectivo latinoamericano de los años noventa y dos mil, era difícil de entender. Casi impensable. Casi cómico.


“Los japoneses no tienen sexo”: el encuadre que lo dijo todo

La cobertura mediática latinoamericana de la crisis demográfica japonesa siguió, durante décadas, un patrón editorial muy reconocible. Los titulares no hablaban de demografía ni de política pública. Hablaban de sexo, o más bien, de su ausencia.

Medios de toda la región —desde Colombia hasta Perú, desde México hasta Chile— publicaban artículos con enfoques como “¿Por qué los japoneses no tienen intimidad?” o “La falta de sexo en Japón podría generar una crisis económica global”. La Tercera, uno de los diarios de referencia en Chile, llegó a publicar una versión del artículo de la BBC titulada directamente: ¿Por qué los japoneses tienen cada vez menos sexo?, con datos como que casi la mitad de los japoneses entre 18 y 49 años declaraba no haber tenido relaciones sexuales en el último mes.

El foco no era el envejecimiento poblacional ni las largas jornadas laborales. Era el morbo. Y junto al morbo, venía el menosprecio.

Un artículo típico de aquella época mezclaba, en el mismo texto, estadísticas sobre celibato juvenil con referencias a geishas, a la venta de ropa interior usada en máquinas expendedoras, al anime erótico y a otros elementos exóticos de la cultura japonesa —como si la explicación de por qué los jóvenes no querían casarse estuviera en alguna “rareza” cultural irreductible, y no en las mismas presiones económicas y sociales que afectan a cualquier sociedad industrializada moderna.

El término que más circuló fue el de los “hombres herbívoros” (sōshoku-kei danshi), que los medios hispanohablantes presentaban con un tono entre la lástima y la burla: hombres “sensibles, tímidos e inexpertos” que “no querían adoptar los roles masculinos típicos”. Desde la cosmovisión machista imperante en gran parte de Latinoamérica, aquello se leía casi como un insulto. Como si la masculinidad japonesa hubiera fallado en algo fundamental.


La paradoja que nadie mencionaba

Lo que raramente aparecía en esos reportajes era el contexto real. Los mismos artículos que se maravillaban del “síndrome del celibato” japonés (sekkusu shinai shōkōgun) ignoraban convenientemente que detrás de esa tendencia había factores muy concretos: jornadas laborales de hasta 60 o 70 horas semanales, un mercado de vivienda inaccesible, la presión social sobre las mujeres para abandonar sus carreras al casarse, y una estructura económica que hacía de la familia un proyecto financieramente inalcanzable para muchos jóvenes.

No eran “rarezas culturales”. Eran consecuencias lógicas de un modelo económico y social llevado al extremo.

Pero eso habría requerido un análisis más incómodo. Más cercano. Era más fácil —y más entretenido— reírse de los japoneses que no tienen sexo.


El espejo se da vuelta

Hoy, esa burla ha envejecido muy mal.

Chile —el mismo país cuyos medios miraban con asombro la crisis demográfica japonesa— tiene hoy una tasa de fecundidad inferior a la de Japón. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), la Tasa Global de Fecundidad cayó a 1,03 en 2024. Para referencia: la de Japón ronda el 1,15. El país que fue durante décadas el símbolo mundial de la “crisis de natalidad” tiene hoy más hijos por mujer que Chile.

Investigadores de la Pontificia Universidad Católica de Chile lo han dicho sin pelos en la lengua: Chile tiene “una tasa de natalidad más baja que Japón, algo completamente sin precedentes para el contexto latinoamericano, donde la fecundidad históricamente ha sido muy numerosa y joven”. La revista Americas Quarterly ya cita a Chile como el caso más paradigmático de colapso demográfico en toda la región.

Y las razones que dan los expertos chilenos para explicar este fenómeno son exactamente las mismas que durante años se presentaban como “peculiaridades japonesas”: inestabilidad laboral, alto costo de vida, dificultad para conciliar trabajo y maternidad, transformación cultural profunda en las expectativas de las mujeres, y un individualismo creciente entre las generaciones más jóvenes.

El chiste resultó ser un espejo. Y el espejo nos estaba mirando a nosotros.