Lo que Hayao Miyazaki me enseñó sobre hacer las cosas que importan

Mi amigo Tadashi Takaoka escribió esta semana en un post que diciendo lo siguiente:

“Sigue tu pasión” es un pésimo consejo en la práctica.

En emprendimiento se repite como mantra. Y entiendo por qué: sin algo de pasión, no se sostiene el proyecto. Pero confundirla con el criterio de decisión para hacer algo, esa es la parte donde empiezan los problemas.
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En parte estoy de acuerdo con él.

Pero para mí, la pasión por algo es la ignición — ese chispazo inicial que te empuja a comenzar. Pero no basta para llegar a la meta. Lo que te mantiene en camino es otra cosa.

Mi otro amigo Kenji Yokoi lo sintetiza con una frase que me quedó grabada: “la disciplina, tarde o temprano, vencerá a la inteligencia”. El talento y la pasión abren puertas, sí. Pero la constancia es lo que te permite permanecer adentro.

Y aquí es donde me aparecióen mi mente otra imagen inesperada: Hayao Miyazaki.


Uno imaginaría que el director de uno de los estudios de animación más reconocidos del mundo trabaja en un estado permanente de entusiasmo creativo. Que cada boceto nace de un amor profundo y fluido por el oficio.

Pero si lo has visto en sus documentales, sabes que la realidad es otra.

Cada cinco minutos repite 「面倒くさい!」(Mendōkusai)“¡Qué paja!”, “¡Qué flojera!” — mientras sigue dibujando. Prende un cigarrillo. Resopla. Y continúa.

En el documental El Profesional, mientras trabaja en bocetos y animaciones, Miyazaki comenta:

La flojera es una batalla contigo mismo
Mi mente dice: “Si te da flojera, ¿por qué no paras?
Y luego mi otro yo le dice “¡Cállate!” Y así sigo trabajando.

Y luego dice algo que lo resume todo:

「世の中の大事なことって、たいてい面倒くさいんだよ」
“Las cosas importantes del mundo suelen dar flojera hacerlas.”

Cada hoja nueva comienza con ese murmullo — “me da paja” — y aun así la completa con todo el corazón. No porque el trabajo sea fácil o placentero en todo momento, sino precisamente porque no lo es, y lo hace igual.


Eso no es la filosofía del artesano que describe Cal Newport, ni tampoco la del apasionado que sigue su corazón.

Es algo más honesto: la aceptación de que lo valioso suele ser incómodo, y la decisión de hacerlo de todas formas.

Para Miyazaki san, crear no consiste en evitar lo complicado. Es asumir deliberadamente lo complicado. La flojera no desaparece — se enfrenta, hoja por hoja, fotograma por fotograma.


Me prometí escribir aquí al menos una vez por semana.
Y para ser franco: igual me da paja.

Así han muerto varios proyectos míos antes — blogs, vlogs, negocios, ideas que empezaron con entusiasmo y terminaron en silencio. No por falta de pasión al inicio, sino por falta de algo que la sostuviera cuando había problemas o cuando baja la emoción.

Pero hay algo en esta mezcla — lo que quiero lograr, el entusiasmo por compartir algo que me importa, y la esperanza de que le sirva a alguien — que me permite, cada vez, vencer al impulso de dejarlo para después. Desde “descansaré un rato más”, al “empiezo la próxima semana”.

Y saber que Miyazaki-san, con toda su genialidad, también peleaba con lo mismo cada vez que abría una hoja en blanco… eso ayuda más de lo que parece.

Es bueno saber que incluso los grandes maestros luchan con esto. Que el genio no es la ausencia de flojera, sino la costumbre de trabajar a pesar de ella.

En esta era donde la IA generativa avanza a pasos que apenas podemos seguir, hay quienes revalorizan precisamente ese conflicto tan humano de Miyazaki — ese mendokusai cotidiano — como el último santuario de una expresión que solo los seres humanos pueden alcanzar.

Quizás no es la pasión lo que nos define.

Quizás es lo que hacemos cuando la pasión ya no alcanza.

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Chileno-Japonés trabajando siempre en acercar más Japón a Latinoamérica y viceversa. 南米と日本を繋ぐ仕事をしています。

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